Tecnología
para crecer

Una Argentina moderna
y conectada

En 140

Que la amiga de trabajadores, consumidores y emprendedores cueste igual que en el mundo. #TecnologíaParaCrecer

La propuesta

La Argentina es el país con tecnología más cara del planeta. Con tecnología inaccesible se perjudican las empresas, los trabajadores y los consumidores. Proponemos tener, a partir del 1 de enero de 2016, tecnología y máquinas a precio internacional. Tecnología y máquinas más baratas generan más producción, más empleo y mayores salarios. Agregar valor a la tecnología no es armar un aparato con partes importadas: es agregarle conocimiento y software a ese dispositivo, y usarlo en todos los sectores económicos para producir más y crear más empleos. Proponemos además un programa de fomento a la producción de tecnología a través de reducciones impositivas, sin elevar el precio local sobre el internacional.

La Argentina es de los pocos países que empeoró su conectividad en los últimos años. Fue la década de la llamada perdida. La conectividad es importante para todos, y mucho más para las regiones más alejadas de los puertos, que pueden eliminar con ella parte de la distancia que las separa de los mercados internacionales. Necesitamos desarrollar de manera urgente redes de última generación. Además, proponemos una revolución en el uso de WiFi con la capacidad ya instalada. Con el programa "Compartamos el WiFi", todo organismo público o área pública (aeropuerto, terminal de bus, oficina de correos) ofrecerá WiFi abierto. Asimismo, todos los comercios que compartan su red y se identifiquen públicamente como socios del programa "Compartamos el WiFi" tendrán bonificado el 50% de su suscripción.

 

 

 


 

Algunos datos duros

En Argentina se llega a pagar más del doble por dispositivos tecnológicos como computadoras y teléfonos celulares. Por ejemplo, una computadora notebook de 4gb cuesta $8.399 en Argentina mientras que si se pudiera importar libre de impuestos costaría $2.600. Un GPS cuesta $3.900, mientras que si se pudiera importar libre de impuestos costaría $1.440.

Según el índice iPhone 6, Argentina es el país más caro del mundo. Un iPhone 6 en el país se consigue por US$1.750 dólares, mientras que en Estados Unidos cuesta US$694.

Aproximadamente un tercio del valor de un iPhone corresponde al costo de sus distintos componentes (memoria, procesadores de apps, pantalla táctil, cámara, etc.). Sólo 1,4% del valor de un iPhone corresponde a su ensamblaje. 

De los 62 millones de usuarios de celulares activos que hay en el país, sólo 450.000 cuentan con 4G: un 0,72%.

 

¿Cuáles serán los beneficios de tener tecnología a precio internacional?

Generará empleo. En alguna medida las máquinas y la tecnología son sustitutos del trabajo, pero en gran medida son complementarias. Mayor acceso a máquinas y tecnología hará surgir más emprendimientos y contratar más trabajadores. Además, el dinero que hoy pagan de sobreprecio los argentinos se gastaría en otras industrias, estimulando el empleo allí.

Mejorará los salarios. Uno de los principios más elementales de la economía de las empresas es que los trabajadores son más productivos cuando cuentan con más máquinas y mejor tecnología para trabajar. Y si son más productivos, reciben un mayor salario. Con máquinas más caras, hay menos y más obsoletas máquinas por trabajador y, por lo tanto, menor productividad y menores salarios.

Reparará una injusticia social. Hoy, una familia tipo que vacaciona en Miami tienen acceso a la última tecnología a precio internacional, con un dólar subsidiado por todos, y libre de impuestos a las importaciones hasta un tope de US$1.200 (US$300 por persona). Mientras tanto, una familia de bajos ingresos no tiene acceso a buenos dispositivos o tiene que resignar demasiado de otros consumos para poder comprarlos.

Promoverá el desarrollo tecnológico del país. Argentina hoy intenta desarrollarse tecnológicamente protegiendo industrias que solo ensamblan productos con partes importadas, aunque el ensamblaje representa una fracción mínima del valor de los productos. En cambio, los emprendedores del país no tienen acceso a la última tecnología o tienen que resignar demasiado de otras inversiones para adquirirla a precios inflados. Así nunca vamos a ser Silicon Valley; el desarrollo tecnológico se logrará integrándonos a las cadenas de valor internacionales, agregando diseño, conocimiento e ideas a los productos del mundo.

 

Compartamos el WiFi

La Argentina está muy atrasada en banda ancha. Una de las prioridades de inversión en infraestructura tiene que ser la banda ancha de calidad y a precios más accesibles que en la actualidad. La conectividad hoy es decisiva tanto para tareas productivas como sociales y de ocio. En muchas situaciones cotidianas la falta de conectividad hace perder tiempo o impide la realización de actividades productivas.

Mientras conectamos más usuarios a la banda ancha, aprovechemos mejor la capacidad instalada subsidiando a los lugares de acceso público que compartan su WiFi.

El WiFi es un típico caso en el que la solución de mercado no es la más eficiente: todos estaríamos mejor si el WiFi fuera abierto, pero individualmente no conviene abrir el WiFi porque todos congestionarían a quien comparta su WiFi. Sin embargo, si todos abren su WiFi simultáneamente, no existe ese problema de congestión, de manera que se podría multiplicar el acceso a Internet sin costo o a un costo mínimo, el de la conexión apenas más lenta.

La comparación más cercana es la de los baños en restaurantes y bares: el costo de proveer servicios de baño ya está casi totalmente pagado por el dueño del restaurant, que sí o sí necesita tener un baño. Hacerlo accesible al público no tiene costo de congestión si todos los restaurantes y bares hacen lo mismo. Puede tener cierto mayor costo de limpieza o mantenimiento, pero mucho menor que la instalación de baños públicos. Un razonamiento casi idéntico se puede hacer para el caso del WiFi.

“Compartamos el WiFi” será un programa progresivo, porque beneficiará más a los usuarios de celular que no tienen un plan de Internet libre y que podrán conectarse a Internet con facilidad en distintos puntos de las ciudades argentinas, ahorrando en llamadas y ahorrando tiempo.

 

La verdadera inclusión

Junto con “Red Federal de Autopistas”, “Tecnología para crecer” y “Compartamos el WiFi” son programas que mejoran la inclusión conectando a las personas a las redes de producción. Hoy, la producción se basa en redes y la falta de acceso a estas redes resulta en bajas de productividad. Pero conectar a las personas a las redes de producción implica costos fijos muy altos, que deben recuperarse a través de largos períodos de uso. Tal es el caso de las autopistas pero también de la infraestructura en telecomunicaciones. Para un individuo o una empresa, es individualmente demasiado caro conectar a las personas a las redes, y por eso el mercado no soluciona este problema. El crecimiento no es automáticamente inclusivo porque los costos fijos desincentivan que los mercados extiendan las redes que lo sustentan. Por lo tanto, una estrategia para el crecimiento inclusivo es reducir o pagar los costos fijos que conectan las personas a las redes. Conectar a las personas a las redes de producción ataca las causas más profundas de la exclusión.

 

¿Puede haber industrias perjudicadas por tecnología a precio internacional?

La tecnología genera tecnología. Tecnología más barata redundará en más valor agregado en sectores de conocimiento y tecnológicos, y por lo tanto empleo y salarios más altos en esas actividades. Silicon Valley sería imposible con los costos de la Argentina. Con talento argentino y precios razonables de insumos, el país puede tener un boom en sus industrias de última generación.

Si hubiera sectores perjudicados por una política de acceso a tecnología a precio internacional, garantizaremos que no se pierda un solo empleo. Los recursos que se ahorra la sociedad pagando el precio justo para la tecnología sobran para subsidiar la empleabilidad de potenciales perjudicados. El Estado se haría cargo de aportes y contribuciones de los empleados de sectores que pudieran demostrar un daño, e incluso les pagaría un plus salarial por tiempo determinado en su actividad actual o un empleo nuevo. La proporción de complemento salarial se regularía como para fomentar el arraigo en sus actuales regiones de trabajo.